El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha reducido en cerca seis meses la condena de un vecino de Adra, responsable de un delito continuado de abusos sexuales a una menor de once años en el mismo municipio, por dilaciones en el proceso en primera instancia, que se alargó durante seis años y dos meses desde que el acusado tomó declaración hasta la celebración del juicio oral en la Sección 3ª de la Audiencia de Almería.
Así, mientras que la sentencia en primera instancia dictó una pena de once años de prisión, esta ha bajado a diez años, seis meses y un día, manteniendo una inhabilitación para ejercer la patria potestad durante cinco años, otra de 16 años para ejercer cualquier profesión que conlleve contacto con menores de edad y una orden de alejamiento para con la víctima de 16 años, además de diez años de libertad vigilada, el pago de las costas procesales y el de una indemnización de 30.000 euros a la menor abusada, más sus intereses legales.
Los magistrados del Alto Tribunal han desestimado el resto del recurso presentado por la defensa del acusado, J. J. R. C., de 40 años de edad en la actualidad, que trató de restar veracidad al testimonio de la víctima, E., nacida en 2006.
Una víctima vulnerable
La menor, era la prima de la pareja del acusado, y cuando sucedieron los hechos apenas tenía once años. De acuerdo a la sentencia, a la que ha tenido acceso D-CERCA, a finales de agosto de 2018, J. J. R. C., de 33 años en ese momento, obligó a la víctima a practicarle en dos ocasiones sendas felaciones.
Si bien, los abusos comenzaron antes, cuando E. contaba con diez años y se quedó a dormir una noche en casa de su prima y el acusado, situación que este aprovechó para meterse en la cama con ella y así tocarle los pechos y los genitales por debajo de la ropa.
En esta misma época, un tío de la víctima y de la pareja del acusado vio como J. J. R. C. tocaba a la menor, a lo que el condenado aseguró que se trataba de un juego.
A causa de estos hechos, E., que ya sufría un Trastorno de Déficit de Atención (TDAH), padece síndrome de estrés postraumático, reviviendo estos sucesos en su mente, con conductas autolesivas y dificultad para dormir.
La menor en ese momento residía con su hermano en una Escuela Hogar, el mismo lugar en el que le contó todo lo sucedido, entre sollozos, a una de sus cuidadoras a cargo de ella.



