Ya hay sentencia por la muerte violenta de María, ‘la de La Casita’, en Dalías. La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Almería ha condenado a Trinidad G. S. a 20 años de prisión por asesinato. La sentencia, a la que ha tenido acceso D-CERCA, impone además ocho años de libertad vigilada tras cumplir la pena en los que el conocido como ‘Trino’ no podrá residir ni visitar el término municipal de su localidad natal.
La condena incluye el pago de un total de 485.000 euros en indemnizaciones a la familia de María Ángeles R. G.: 120.000 a su marido, otros 120.000 a cada uno de sus dos hijos, 25.000 a cada uno de sus tres hermanos y 50.000 a su madre. Todo esto se suma al pago de las costas del proceso y a una multa de seis euros diarios durante 24 meses por el delito de quebrantamiento de orden de alejamiento con agravante de reincidencia.
«Maldad y odio»
En el documento se destaca la «maldad y odio» que el condenado sentía hacía la fallecida y que lo llevaron a apuñalarla con un cuchillo de cocina en el pecho el 25 de julio de 2023 en Dalías.
La sentencia de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Almería refleja las deliberaciones del jurado popular, que encontraron por unanimidad culpable a Trinidad de un delito de asesinato, considerando probados todos los hechos que llevaron a la muerte de María.

Aquel 25 de julio, ‘Trino’ cogió el arma homicida, de 18 cm de largo y tres de ancho, y se dirigió a un almacén, propiedad de un primo de la que luego sería su víctima, para que se lo afilaran y arreglaran la punta. Algo que, como quedó reflejado en el juicio, no había hecho nunca antes. Con el cuchillo listo, el ahora condenado lo envolvió en una bolsa de plástico blanca y lo guardó en el bolsillo trasero de su pantalón.
De allí se dirigió a los bancos de la Rambla de Gracia frente a la Plaza Olmo, en los que se sentó. Este es un lugar de paso casi obligatorio en Dalías, a menos de 200 metros del hogar y negocio de Mariángeles, que al poco apareció por allí conduciendo su vehículo.
En ese momento ‘Trino’ comenzó a increparla, provocando así una discusión entre ambos, lo que él aprovechó para sacar el cuchillo y, de manera sorpresiva y fulgurante, clavárselo a María en el pecho mientras gritaba «¡Que te mato, que te mato!». La víctima cayó desplomada a escasos metros, con una herida de ocho centímetros de largo con tres de ancho, que le provocó la muerte minutos después.
“Tenía muy claro lo que iba a hacer y lo que necesitaba” señalaba el letrado Bonilla, representante de los hermanos de la víctima, en la última sesión del juicio, «por eso engañó al dueño del taller» en el que afiló el arma «diciendo que se iba directo a su casa”. “Preparó un escenario idóneo para él”, destacó López Gutiérrez, abogado del marido y los hijos, «fue muy rápido, solo pensaba “tengo que acabar con su vida”.
López también resaltaba la «brutal» herida que le dejó en el pecho, «parecía que le habían hincado un tubo de hierro”, lo que «alargó sus sufrimiento, aplicando más fuerza de lo normal”. “Le atravesó las costillas, se encargó de tener un cuchillo muy afilado”, ha añadido Bonilla, «no le dio la oportunidad de defenderse, huir ni pedir ayuda, lo tenía todo pensado”.
«Mentiras y más mentiras»
El jurado también considera demostrado que la víctima, con afán de defenderse, roció a su asesino con un spray de color rojo, tal y como queda acreditado tanto por las pruebas forenses como por los testigos.
Estos testimonios han sido clave para la resolución de este caso, desmintiendo la versión del acusado que, en palabras del Fiscal, en todo momento trató de presentarse «como una persona perfecta, una víctima de María, de su marido, de la Guardia Civil y de la sociedad”, llegando a calificarlo como «una persona peligrosísima» que incluso «asustaba a los testigos». «Mentiras y más mentiras», llegó a pronunciar durante su alegato final.
La defensa, que en un principio pretendía la absolución total, aunque tras la lectura del veredicto pasó a solicitar la pena mínima por homicidio imprudente, argumentó durante todo el procedimiento que la muerte se produjo de manera accidental, casi por defensa propia, cuando ‘Trino’, según su propia declaración, se encontraba en el suelo, asegurando que María lo había empujado.
Sin embargo, las declaraciones de los testigos y técnicos forenses dejan claro que en todo momento él fue quien provocó la situación, y que víctima y asesino se encontraban de frente en el momento del ataque.
Además, como refleja la sentencia, la frase «¡Te mato, te mato!» «ya sería más que suficiente para considerar que existe dolo», entendiendo así que «en forma alguna pueden existir dudas al calificar estos hechos como dolosos», demostrando la «alevosía en la conducta del condenado».



