Siempre hay un ‘gracioso’ al que le da igual que pueda molestar a los demás. A veces es un niño que le da patadas al asiento de delante, otras el que va con el volumen del móvil a tope en el transporte público, e incluso están los que disfrutan de dañar y destrozar el mobiliario público o privado. Ahora, a los vecinos y vecinas de las 80 Viviendas de El Ejido les ha tocado su propio personaje, y el problema es que está armado.
Según trasladan varios vecinos a D-CERCA, durante las noches del 14 y 29 de mayo se pudo escuchar en la zona el ruido de varios disparos, encontrándose más tarde con los casquillos y marcas de balas de estas en señales, carteles, y una persona asegura que también en su vivienda. No se tiene constancia de que nadie resultara herido.
Fuentes policiales confirman a este medio haber recibido varias llamadas de alerta a raíz de estos hechos y señalan que han comenzado una investigación para esclarecer las circunstancias que los rodean, Aunque se mantienen abiertas todas las líneas, en principio se descarta que estén relacionados con enfrentamientos entre bandas o ajustes de cuentas, y todo parece apuntar a que el autor o autores estaban jugandon al «tiro al blanco».
De igual modo, se está desarrollando en el barrio de Santo Domingo un dispositivo especial de vigilancia coordinado entre la Policía Nacional y la Local para encontrar al o a los responsables de estas dos noches de pánico para los residentes de la zona.
La guerra en casa
Las denuncias de los vecinos de Santo Domingo ponen de manifiesto un problema que en los últimos años azota a El Ejido y a toda la comarca del Poniente almeriense: la proliferación de armas de fuego.
Precisamente en esta localidad apenas ha empezado a cerrar la herida del doble parricidio de El Canalillo, el barrio de Balerma en el que un joven de 25 años habría matado a su madre y a su padrastro tratando, supuestamente, de herir también a su expareja y al hijo de ambos, de siete meses.

A consecuencia de este suceso, el alcalde ejidense, Francisco Góngora, pidió a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado «extremar todas las medidas de seguridad» en los núcleos del municipio, insistiendo en que, entre ellos, existen «dos o tres focos» en los que «clanes» cultivan marihuana, trafican con drogas y llevan a cabo labores de petaqueo para el narco, actividades que el primer edil relaciona con la proliferación de armas de fuego en su municipio y en toda la comarca. «Se tiene que acabar con todo eso», aseveraba, «estos clanes manejan muchos recursos económicos, mucho dinero, poseen armas, hay enfrentamientos entre ellos y esto tiene que terminar».
Como reconocía meses atrás en rueda de prensa Juan Francisco López, jefe de la brigada provincial de Policía Judicial de la Policía Nacional en Almería, «los incidentes (con armas de fuego) y los ajustes de cuentas son cada vez más numerosos, antes las peleas se tenían con navajas».
«En mi etapa como policía era difícil ver armas de fuego», continuaba, «y se trataba sobre todo de armas antiguas, incluso de la Guerra Civil, y a día de hoy estamos encontrando subfusiles que antes no se veían, por lo cual se puede decir que entre ellos están adquiriendo nuevo armamento, que ya preocupa».
López ofreció estas declaraciones en la rueda de prensa para presentar el resultado de la Operación Zaka-Kremlin que, junto con la Operación Pentágono, permitió desmantelar una red mafiosa que, en la práctica, funcionaba como los armeros de las organizaciones criminales de la provincia.

Junto a los 46 detenidos se intervinieron 38 armas, 25 de ellas de uso bélico, como pistolas, revólveres o sub fusiles. La mayoría de ellas habrían llegado de Europa del Este, pero también de Brasil, de origen nacional y algunas hasta serían legales, provenientes de galería de tiro o destinadas a la competición.
«Se utilizan para la defensa de las plantaciones de marihuana», concretaba López, «pero se han convertido en un negocio para estas organizaciones, que luego las venden a grupos tanto de otras provincias como locales, obteniendo beneficio de ello».



