En ese partido un veterano futbolista local conocido como Cata, tras una falta que señaló uno de los colegiados cuando el partido iba ya 2-8 para los visitantes dio un puñetazo al árbitro que había señalado dicha infracción y persiguió por la pista balermera al otro colegiado hasta que consiguió derribarlo también de un certero manotazo. Eso ocurrió el sábado y el lunes por la tarde en un partido jugado entre La Mojonera y Las Norias correspondiente a la Liga de Juveniles, a la finalización del mismo y en la puerta del campo de fútbol un grupo de supuestamente aficionados la emprendió a golpes con un padre al que fracturaron la mandíbula y a su hijo al que abrieron una brecha en la cabeza.
En ambos casos se han tomado medidas para evitar que esto se siga produciendo. Así pues, en Balerma se ha anunciado la expulsión del jugador del equipo y los árbitros se niegan a arbitrar más partidos donde esté este equipo si antes no hay garantías fundamentales para evitar las agresiones.
En La Mojonera se quieren desligar de los aficionados que provocaron los incidentes porque dicen ser ellos mismos los principales afectados del comportamiento de esta jauría de desalmados que solo buscan la violencia como diversión.
No hay que especificar que estos acontecimientos se comentan por sí solos y su gravedad trasciende más allá de cualquier comentario que podamos incluir en este texto. No obstante, siendo preocupante lo que ha sucedido tanto en la cancha del Balerma como en el campo de fútbol de La Mojonera, posiblemente lo más indignante sea lo sucedido el pasado sábado en una pista de fútbol sala en Zaragoza donde el equipo local Wanapix se enfrentaba a El Ejido Club de Fútbol y uno de sus jugadores destacados, profesional que vive del fútbol sala, al final del encuentro se dirigió a los colegiados en los términos siguientes según el acta arbitral: «seguid pitando faltas». Este jugador es el número 24 del equipo local y se llama Adrián Ortego López. No contento con la crítica realizada a las puertas del vestuario de los colegiados, desde su propio vestuario contiguo con el de los árbitros volvió a gritar “árbitros hijos de puta, seguir pitando faltas». A todo esto hay que incluir que el equipo de Zaragoza se encuentra ahora mismo como líder de la clasificación en Segunda División, o sea, muy cerca de la élite nacional del fútbol sala de este país que recientemente se ha proclamado Campeón de Europa por octava vez. Es evidente que la actitud de este jugador es un ejemplo para seguir potenciando la violencia en pistas donde se juegue el fútbol sala y campos de fútbol. No obstante, el Comité de Competición debería de actuar en consecuencia para impedir que esta forma de actuar de algunos desaprensivos no se convierta en un ejemplo para los jóvenes jugadores que se están formando y en el futuro pueden estar en la misma situación que Ortego López.



