Agricultores de la zona de El Ejido denuncian que los ladrones ya no solo les roban maquinaria, herramientas o fitosanitarios, sus nuevas víctimas son las hortalizas cultivan con esfuerzo. Una de las víctimas, contactada por D-CERCA, logró captar con su sistema de videovigilancia a uno de estos asaltantes que, al escuchar el sonido de la alarma, se escabulló entre los líneos.
De acuerdo a su relato, una semana antes, se encontró dos cajas de pimientos verdes cogidas, aunque él solo recolecta en rojo. Como pudo comprobar después, el ratero entraba en el invernadero por una banda, que rajó, dejando una apertura que podía disimular para seguir entrando.
El agricultor decidió instalar un sistema de alarma y videovigilancia, que poco después le permitió descubrir lo que estaba pasando. Como puede verse en las imágenes a las que ha tenido acceso este medio, el ladrón, al verse sorprendido, primero intentó escapar ocultándose entre los líneos, pero finalmente decidió romper la cámara y llevársela, pensando que las imágenes estaban recogidas en el interior del aparato.
Según traslada a D-CERCA Andrés Góngora, secretario provincial de COAG en Almería, en su organización han tenido noticia de sucesos similares en invernaderos de pepino en Tierras de Almería y Cuatro Vientos, y de calabacín en Campohermoso.
Su destino
Aunque la mayoría de agricultores del Poniente almeriense puedan tener esto claro, cabe señalar que no cualquier persona puede llegar a una comercializadora y vender, por ejemplo, 200 kilos de pepino holandés. «Esa mercancía solo puede ir a una subasta, un almacén o a una cooperativa», explica Góngora, y solo lo puede hacer un productor.
«Aun siendo agricultor», prosigue, «tienes que mostrar qué variedad es, cuando las has sembrado, la trazabilidad, cuál es tu parcela… Y si nunca has llevado productos, tendrás que entregar una analítica que demuestre que no tiene residuos fitosanitarios».
Aunque no se pueda descartar nada, tampoco parece probable que el destino de estas hortalizas afanadas sean comercios locales. «Es muy difícil que una tienda o una frutería de barrio hagan eso. Tampoco en mercadillos. Hay que tener en cuenta que son alimentos. Si vendes ese producto y luego el cliente enferma, se te puede caer el pelo».
Robos que lastran al sector
Junto a estos hurtos de productos, los agricultores del Poniente almeriense deben seguir haciendo frente a los robos comunes que llevan años soportando con mayor intensidad: productos fitosanitarios, maquinaria, herramientas, cableado…
«Hemos tenido mucha presión en Las Norias, La Mojonera, San Agustín, San Nicolás…», apunta el secretario provincial de COAG, «esa zona ha sido muy conflictiva y castigada con este tema». Mientras, «en la comarca de Níjar y la zona de La Cañada han sufrido muchos robos de cable».

La situación ha llegado a tal nivel que hay profesionales que han tomado la decisión de tirar la toalla y renunciar a seguir modernizando su finca. «Nos dicen que tenemos que mecanizar más los invernaderos, pero alguno no quieren mejorar porque están hartos de que les roben». «Hay gente a la que le han robado el motor cuatro o cinco veces» afirma.
Los agricultores tienen miedo de destacar, porque aunque sea más eficiente, esos avances también los dejan más expuestos ante los rateros, lo que lastra y paraliza el desarrollo del sector agroalimentario almeriense.
Ante esta situación, Góngora ya no se limita a pedir solo más medios y efectivos para la Guardia Civil, también «endurecer las penas» por robos en medios rurales», cansados de ver que «muchas veces son los mismos que ya habían pillado antes, que vuelven otra vez».
«Por eso, en COAG insistimos en que, cuando se detiene a alguien, se valore todo el año que hacen», apostilla, «no solo por el robo, sino por todas las inconveniencias que le han provocado al agricultor. Ahora mismo da una sensación de impunidad absoluta».




