Antonio Campos nunca pudo defenderse. Esa es una de las primeras y más relevantes conclusiones que puede extraerse del sumario del caso, una vez ya levantado el secreto por la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia Nº 3 de El Ejido.
El sábado 27 de septiembre el historiador virgitano salió de casa, en la que convivía con su madre, sobre las 21:00 horas, en su Wolkswagen Passat blanco. El mismo vehículo que, durante más de 24 horas, su familia estuvo buscando desesperada, aún con la esperanza de que pudiera estar en Granada, donde tenía planeado pasar el fin de semana viendo la procesión de la Virgen de las Angustias.
El mismo coche en el que, a la noche del día siguiente, encontraron el cuerpo de Antonio escondido en el maletero, atado con bridas y con la cabeza destrozada por los golpes. El Wolkswagen Passat blanco que su verdugo confeso, Hamid, estuvo conduciendo durante cerca de 12 horas por todo El Ejido.
El ataque
Como explica a D-Cerca Antonio Relaño de Hoces, abogado de la familia, el cuerpo de Antonio Campos no mostraba «ningún tipo de lesión defensiva, ni hematomas, heridas o arañazos», tampoco restos del ADN del único detenido bajo las uñas. Una prueba que podría indicar un ataque sorpresivo, sin posibilidades de de defensa, «eso se puede cuadrar como asesinato, por la alevosía, además, hay varias fracturas en el cráneo», señala el letrado.
Hamid le habría causado entre 20 y 25 lesiones, «bastante profundas», con un objeto contundente, «probablemente un bloque de hormigón», ya que dejó marcas en forma de X e Y, que se corresponderían con las esquinas.
Fue en la Playa de San Agustín, un espacio natural en el Parque de Punta Entinas Sabinar, donde tuvo lugar el ataque, según señaló el acusado en el momento de su detención. De momento, Hamid parece el único implicado y, aunque no se descartan nuevas detenciones conforme avance la investigación, «por ahora parece que solo participó él».
12 horas conduciendo
Sobre las cuatro de la madrugada del 28 de septiembre las cámaras de seguridad captaron al joven de 24 años en San Agustín conduciendo el coche de Antonio con su cadáver oculto a menos de dos metros. Se le reconoce por una camisa blanca. El funcionario del Consistorio ejidense salió a la calle con una azul.
A las 7:40 horas el sistema de videovigilancia registró cómo volvía al vehículo, con el que circuló por todo el barrio. Sobre las 11:40, pasó por Las Norias y las doce menos cuarto lo dejó aparcado en la calle Miraflores, donde lo encontraron esa noche.

El sistema de videovigilancia de El Ejido ha sido clave para esclarecer esta cronología. El cuerpo Policía Local fue el encargado de recopilar las imágenes para entregarlas a la Guardia Civil, a los que Relaño felicita por haber realizado «un trabajo formidable y muy rápido».
Sin embargo, aún queda un intervalo vacío, entre las 21:00 y las 4:00, por esclarecer. «Son muchas horas, muy importantes, en las que ocurrió el crimen», apunta el abogado, «no creo que estuvieran cinco horas en el mismo sitio».
«Hay que rehacer los movimientos», prosigue, ·el chico estaba desconcertado con lo que había pasado, no sabía qué hacer». Para el representante de la familia «seguramente intentaba esconderlo y dejarlo donde menos pistas diera, pero al final hizo todo lo contrario», su extraño recorrido en el Wolkswagen Passat blanco no pasó desapercibido a los investigadores, y todo para acabar dejándolo aparcado a 200 metros de la casa de sus padres, donde lo detuvieron.
También queda por saber qué hizo el detenido entre las 12:05 y las 12:37 del domingo, cuando entró en el coche y no se movió de allí. «Si estas unos 35 minutos ahí parado no estás pensando ‘¿qué hago?’, puede que estuviera hablando con alguien», teoriza Relaño, «ya hemos pedido revisar el volcado del teléfono móvil, queremos saber con quién».
El motivo
» Hay cabos que atar, ver lo que hay o no, ver si alguien más participó o lo ayudo, además del móvil». Ese sigue siendo uno de los principales interrogantes, «no tenemos ninguna que apunte a ser cien por cien fiable».
La primera, y más simple, el robo, parece casi descartada. El reloj de Antonio, de un valor considerable, seguía en su cuerpo, su teléfono móvil estaba en el coche, igual que la cartera, pero sin dinero en efectivo. «Y solo tenía una tarjeta», concreta el responsable de la acusación, «la familia nos comenta que creían que tenía varias cuentas, pero tampoco es seguro que las llevara, pudo dejarlas en casa, esos son los detalles que tenemos que concretar».

Sobre este asunto planea la sombra de la, en principio, inexplicable relación entre el reputado historiador virgitano y el joven de origen marroquí. «Todavía no se ha aclarado cómo contactaron», apostilla Relaño, «consta una llamada de unos días antes entre ellos, pero no se sabe nada más, ni el tipo de relación».
La familia
«Esto está ya hablado con la familia, puede que salgan cosas que no les gusten, pero de lo que se trata es de llegar al fondo del asunto, que quien haya cometido el crimen pague», proclama Relaño contundente.

Los hermanos de Martínez están destrozados, «cada uno lo lleva como puede», ha tenido que su cuñada, Encarni, la responsable de atender a los medios hasta ahora, todo bajo una sobreexposición mediática y unos focos que nunca habrían deseado.
Ante los micrófonos de Onda Cero El Ejido, Encarni llegó a denunciar el interés de algunos medios «sobre las tendencias o inclinaciones sexuales de la víctima», tachándolas de «especulaciones». «Hay que mantener el respeto a la familia», recalca su abogado.
Confesión a medias
Hassim, el único detenido por la muerte de Antonio, llevaba seis meses en El Ejido, como aseguran para este medio fuentes relacionadas con la investigación.
Cuando los agentes de Guardia Civil llegaron al domicilio de San Agustín, donde vivía con sus padres, «de forma espontánea manifiesta voluntariamente» que fue él quien lo mató y donde lo hizo.
«Es muy relevante», señala Relaño, «porque se acogió a su derecho a no declarar» tanto en el cuartel como en el juzgado, «por lo que luego esa colaboración que podría servir como atenuante, no fue tal».
Todavía faltan pruebas que analizar, pistas que encontrar y detalles que esclarecer en el caso de Antonio Campos. Puede que todo sea mucho más simple que lo que los medios y la opinión pública esperan, puede que todo se complique de maneras insopechadas. Lo único que queda es esperar.



